osjoseph.org - Oblates of St. Joseph  
St. Joseph
Click here to return to the listing of Oblates in our province.

Fernando Reyes

El llamado que Dios nos hace a cada uno de nosotros es diferente.  Hay que descubrir para qué estamos hechos. Descubrir nuestra vocación es el poder saber si estamos eligiendo bien o mal. Dios nos creó con amor y Él sabe lo que hace con nuestra vida. ¿Cuándo es el momento exacto para el gran llamado?
Mi nombre es Fernando Reyes y yo nací en México en el estado de Michoacán.  Cuando era niño mis padres siempre me llevaban a la Iglesia, y me gustaba ir pero yo nunca pensé en ser sacerdote o dedicar mi vida a Dios.  Yo tenía muchos planes como hacer una carrera o hacer algo grande en la vida, pero nunca pensé en el seminario. Pero Dios ya sabe lo que tiene para cada uno de nosotros.  Dios actuó en mí y cambió mi vida a una vida maravillosa.  La vida que tenía era muy buena, pero Dios la cambió a otra más buena.  Yo tenía tan sólo doce años cuando comenzó mi llamado.  Comencé ayudando a dar catecismo, y el ayudar y compartir lo poco que sabía me llenaba de alegría.  Esto era algo inexplicable, y me dio una felicidad que no tenía más respuesta que venir de Dios.  Poco a poco, fui adentrándome más a la Iglesia, pero sólo con la idea de ayudar. Yo tenía planes de casarme y formar una familia.  Tenía mi novia y seguía ayudando en la Iglesia, pero de pronto algo sucedió; el querer servir a Dios me atrajo el deseo de querer conocer el seminario.  Tan sólo tenía quince años y no pude creer que Dios se había quedado en México o había tomado otro avión que el que yo había perdido. Fueron momentos muy difíciles, especialmente el aceptar que había dejado todo lo que había crecido a mí alrededor porque la vida que llevaba, había tenido un cambio tan sorprendente que no lo podía porque no contaba con la edad requerida. Dentro de mí había algo que se moría por crecer y poder conocer el seminario y cuando estaba cercano. En ese momento hubo cambios inesperados; nos tuvimos que ir para los Estados Unidos y llegamos a Bakersfield, California.

Era algo que no lo podía creer. Tan sólo faltaba un mes para visitar el seminario; el momento más esperado se me había ido, y era como decir: “Se fue tu avión pero tú te quedaste y perdiste tus vacaciones.”  Al llegar a un nuevo país y comenzar desde abajo, todo era tan confuso y lo peor creer. El trabajar y estudiar habían hecho que Dios quedara afuera de mi vida. Me había vuelto esclavo del trabajo y la escuela, y los días pasaban como si nada amanecía y oscurecía, y cada día era igual. Por más de un año estuve lejos de Dios, pero Él nunca nos abandona y un día, como cualquiera, el gran llamado llegó; mi avión había vuelto, y algo dentro de mi había sentido nuevamente el llamado de Dios, pero esta vez, era más fuerte el querer servir a Dios, y esta vez para siempre.  No fue posible abordar el avión.  Podríamos decir que había perdido mi boleto o que no era el momento todavía; era la segunda ocasión pero no la última. El esperar con calma mi boleto y el estar más cerca de Dios tuvo sus frutos y un día mi boleto llegó por medio de un sacerdote.  Podríamos decir que él lo encontró y me lo trajo.  Las vacaciones llegaron pero sólo había un boleto y no podía ir nadie más.  La pregunta era: ¿Abordarás o te quedarás? Tenía que regresar a México y dejar mi familia, mis amigos y la vida que ya había formado con mucho esfuerzo.  Fue una decisión tan difícil, pero con la ayuda de Dios, pude dejar todo y seguir a su Hijo Jesús y dejar que Él me convirtiera en pescador de hombres.  Ahora estoy disfrutando mis vacaciones en el mejor hotel del mundo, el seminario.  Aquí es donde cada día conozco algo nuevo, y lo mejor es que Dios está conmigo y yo con Él.  Y en esta ocasión viajamos juntos y juntos disfrutaremos estas vacaciones. TODOS TENEMOS UN LLAMADO. LO ÚNICO QUE NECESITAMOS ES SABER ESCUCHAR, DISCERNIR Y DECIDIR QUE ES LO QUE DIOS QUIERE PARA NOSOTROS.

 

Fernando is an aspirant and is currently studying in Mexico.
Questions or comments? Please contact the webmaster.
Copyright © 2003-2007, Oblates of St. Joseph. All rights reserved.